Pese al resultado, el Madrid no convenció en Gerland

Después de haber caído por 3-0, 2-0 y 1-0 en sus anteriores visitas a Lyon, el 1-1 cosechado anoche en Gerland es con mucho el mejor marcador firmado por el Madrid a orillas del Ródano. Ahora bien, de ahí a afirmar que se ha comenzado a cambiar la historia (Mourinho dixit en el post-partido) o a celebrar como un triunfo que al fin los merengues hayan marcado en aquel estadio (Valdano al término del choque) va un trecho. Poco se exigen los responsables del equipo si aplauden tales ‘hazañas’. Aunque viendo a Florentino desmelenarse por primera vez en un palco, no es de extrañar que la algarabía reinase en el seno de la expedición blanca.
A nadie se le escapa que el resultado obtenido es bueno, tanto en la teoría, porque el Real Madrid siempre pasó de ronda con un 1-1 a domicilio en la ida (en cambio el O.L. siempre quedó apeado en esa misma situación pero a la inversa), como en la práctica, puesto que el equipo que de partida estará obligado a marcar al menos un gol en el Bernabéu para clasificarse es el que dirige Claude Puel. Pero las sensaciones transmitidas no son tan alentadoras. La cara que mostró el Real Madrid en Gerland no fue la de una aspirante a levantar el título.
El primer periodo fue directamente desolador, con un centro del campo incapacitado para trenzar jugadas, atenazado por un Lyon comodísimo en defensa que cuando robaba salía con muchos y buenos efectivos en velocidad. En los laterales, Sergio Ramos sufrió lo indecible tanto con Bastos como con César Delgado, mientras que arriba Adebayor no recibió un solo balón en condiciones. Mientras tanto Özil, bien tapado por Toulalan, solo veía la luz cuando tenía el balón en los pies Xabi Alonso, el único capaz de hacérselo llegar. ¿Diferencias con el Madrid de Pellegrini de hace doce meses? Resumiendo… ninguna.
Mourinho estuvo demasiado ‘amarrategui’
El arranque del segundo tiempo sí fue el que se espera de un Madrid, con dos remates a los palos, un penalty claro no señalado, el gol de Karim Benzema. Por primera vez, el público de Gerland sabía por qué la camiseta blanca es una de las más temidas en Europa. Ya era hora… Pero cuando los blancos se pusieron por delante, José Mourinho volvió a tirar del freno de mano, en una actitud que no se corresponde con la filosofía de ataque que siempre había defendido el Madrid. El O.L. estaba encerrado, no salía, no daba la más mínima sensación de peligro… ¿Qué motivo había para no seguir empujando?
No es la primera vez que, al adelantarse en el tanteador, Mourinho acoraza al equipo pensando que de ese modo la victoria ya no se le escapara. A veces lo hace incluso pegándose unas carreras por la banda que hacen pensar que si el cambio defensivo se demora un segundo, el mundo está perdido. Es casi un tic nervioso, un resorte que se dispara en cuanto el 1-0 sube al electrónico. ¿Por qué no contemplar otras variantes? ¿Por qué no estudiar la situación del rival y, como era el caso, asestarle la estocada final si se encuentra groggy? Además, Gomis demostró que no siempre cerrar la puerta y tirar la llave impide que te entren en casa. En fútbol existen las ventanas…
Etiquetas: champions 10/11, jose mourinho, olympique de lyon, real madrid, Noticias



























alonso | 24 de febrero de 2011 | 12:19 am
no llamaria sacar a khedira y meter a lass poner el cerrojo, y marcelo entro para substituir a ozil en banda izquierda…nada de cambios defensivos.