Motivación, expulsión y aspersores a todo trapo

Motivación, expulsión y aspersores a todo trapo

Con la derrota por 3-1 en el Giuseppe Meazza se articuló en

Barcelona la ‘operación remontada’. En ella, participaron todos los

estamentos del club azulgrana y, como no, una afición que cumplió al

dedillo con las premisas transmitidas por el club culé. Tal y como se

había pedido a la hinchada, los aficionados llegaron al Camp Nou a las

20:00, armados con la zamarra azulgrana, y a las 20:45 en punto

mostraban el espectacular mosaico que daba la bienvenida a un choque

agrandado por la expectación generada y necesitado de un toque de

épica para los intereses azulgranas.

La gesta, sin embargo, no hizo acto de presencia en un Camp Nou en

el que Gerard Piqué volvió a ejercer de Kaiser, como sucediera en el

partido de ida, echándose al equipo a la espalda, defendiendo a la

perfección y convirtiéndose en delantero, cuando la situación así lo

requería. De sus botas nacería, precisamente, el 1-0 con el que se

resolvería un partido en el que a los azulgranas les sobró actitud

pero les faltó la receta para derribar el muro defensivo articulado

por el portugués José Mourinho.

Ni un error defensivo cometieron los interistas, que supieron

aprovecharse de la inoperancia de Zlatan Ibrahimovic, la evidencia de

que Messi a veces se pierde jugando por el centro y la falta de

clarividencia del hombre que mueve los hilos en Can Barça, Xavi

Hernández.

Con tres piezas de tal calibre desarticuladas, el duelo se

decantaría del lado de un Inter de Milán que se quedó con diez en el

minuto 28, momento en que Thiago Motta le propinaba un manotazo, sin

venir a cuento, a Sergio Busquets y el colegiado, Franck de Bleeckere

le mostraba la roja directa. Posteriormente, el que fuera jugador del

Barcelona, ya expulsado, cogía del cuello al de Badía mientras éste

bebía agua, sin saber lo que se le venía encima…

Perdió los papeles Motta mientras Busquets mantenía el tipo sin

entrar en provocaciones, concentrado en el partido que, a priori, se

ponía de cara para los azulgranas. Sin embargo, nada más lejos de la

realidad porque el ‘autobús’ interista continuó con su trayecto sin

verse dañado y Guardiola continuaba sin encontrar la fórmula del

éxito…

Ésta pareció llegar a diez minutos del final, demasiado tarde para

obrar el milagro. Al acabar el encuentro, Mourinho, preso de la

euforia, echó a correr para celebrar con sus aficionados el triunfo

pero Víctor Valdés interpretó que el portugués quería increpar a la

afición azulgrana y decidió agarrarle del cuello para recriminar su

actuación… Triste gesto el del guardameta azulgrana e igualmente

lamentable que los aspersores de Can Barça empezaran a funcionar

mientras los interistas celebraban la victoria…

Tampoco creó ningún inconveniente porque cuando uno termina un

partido va muy sudado y un poco de agua no va mal“, señalaba el

presidente del Barcelona, Joan Laporta, esta mañana, en la emisora

radiofónica, Rac1.

Cuestionable respuesta la del mandatario catalán,

puesto que, la contienda necesitaba de buenos gestos, también en la

derrota, por parte del club y los futbolistas azulgranas, que

debieron quedarse sobre el césped para aplaudir a la afición que

ejerció como jugador número 12 sin concesiones, sin aflojar un

instante y con la voz destrozada de tanto cantar y animar al equipo

que, ahora, debe centrarse en la consecución de la Liga…

Escrito por Elena Fernandez el 29 abril, 2010 | ningún comentario
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