Momentazos Champions: el ‘duende’ de Duckadam (1986)

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Toda moneda -legal- tiene su cara y su cruz, y toda tanda de penaltis tiene, por naturaleza propia, su ‘momentazo’. Por eso, si hace un par de semanas hablábamos en “Momentazos Champions” de la mala suerte de John Terry en la final del 2008, hoy retrocederemos veintiséis años para recordar el partido en el que un hasta entonces desconocido portero rumano logró que su nombre y el de su equipo, el Steaua de Bucarest, pasara a engrosar el selecto club de los campeones de la Copa de Europa.

Helmuth Duckadam es nuesto hombre hoy. Él y sus compañeros de equipo sorprendieron a todo el planeta futbolístico al plantarse en la final de la competición europea la temporada 1985/86. Cierto es que habían tenido mucha fortuna con los rivales en los cruces, pero en semifinales eliminaron con solvencia a un sólido Anderlecht comandado por un joven centrocampista de 20 años llamado Enzo Scifo. El Steaua era un club cuyo máximo logro continental hasta entonces había sido alcanzar los cuartos de final de la Copa de la UEFA catorce años antes, la campaña 1971/72.

Sin embargo, más adversos no podían ser los condicionantes de la final: el rival era un FC Barcelona más experimentado en este tipo de lides, que había tenido un duro trayecto en la competición, pero que, por ello, llegaba lanzado a la cita, después de haber eliminado al Porto, a la gran Juventus de Platini y Laudrup, y al Goteborg, tras remontarle un 3 a 0 en contra. Además, la final se jugaba en Sevilla, en el estadio Ramón Sanchez Pizjuán, por lo que, por distancia (y por los múltiples impedimentos que el régimen comunista de Ceaucescu ponía a los ciudadanos rumanos para salir del país), la afición culé lo tendría más fácil para desplazarse, los propios barcelonistas que vivieran en la misma ciudad podrían adquirir tanto las entradas reservadas a cada club que no se hubieran vendido como las de público general, y el equipo azulgrana jugaría masivamente arropado desde las gradas, como en casa.

Llegó el día 7 de mayo, empezó el partido, y como era de prever, el Barça llevaba el ritmo del juego. Sin embargo, paulatinamente, el Steaua logró ir durmiendo y ‘matando’ el encuentro, mientras el equipo culé generaba cada vez menos peligro, adentrándose en una espesura de ideas que, una vez terminados los noventa minutos iniciales, continuaría durante la prórroga.

No quedaba otra, pues, que la ¿lotería? de las penas máximas, en la que los catalanes empezaban a temerse lo peor, mientras los rumanos no tenían nada que perder. Empezaron lanzando éstos últimos, mediante su interior izquierdo Mihail Majearu, cuyo disparo desvió Urruti. Alexanko lanzó el primero de los azulgrana, fuerte pero algo centrado, y Duckadam se estiró magníficamente, evitando el gol. El veterano László Bölöni, posteriormente entrenador de la selección rumana, ejecutaría el segundo para el Steaua, también interceptado por Urruti (cuya gran actuación, evitando dos de los cuatro penaltis, quedaría en el olvido por el desenlace final), al que le siguió un lanzamiento calcado a éste en forma y resultado por parte de Pedraza, con otra gran mano de Duckadam. Visto lo visto, Lacatus soltó un trallazo imparable que se convirtió en el primer tanto para su equipo, mientras ‘Pichi’ Alonso, héroe con un ‘hat-trick’ en semifinales, realizó un pésimo lanzamiento que Duckadam logró incluso atajar. Gavril Balint, hábil interior derecho, engañó sin problemas a un Urruti que debía estar deseoso de arrancarle la cabeza a algunos de sus compañeros, y otro flojo lanzamiento de Marcos Alonso, interceptado por un pletórico e infranqueable Duckadam, automáticamente convertido en figura nacional, y que intervino decisivamente en los cuatro disparos del Barcelona, hacía saltar la sorpresa en la capital andaluza.

En total, seis de ocho lanzamientos errados, en uno de los peores desenlaces (y una de las peores finales) que se recuerdan en Copa de Europa. El Barcelona tendría (y tiene) la infame distinción de ser el primer (y único) equipo de la competición que, llegado a una tanda de penaltis, falla todos sus lanzamientos.

Y el Steaua de Bucarest, esa noche, se fue por alegrías:

Por desgracia, los días de gloria balompédica de Duckadam terminarían en Sevilla, ya que pocas semanas después del éxito europeo contrajo una extraña enfermedad sanguínea que lo tuvo apartado de los terrenos de juego hasta 1989, cuando regresó con el Vagonul Arad de la segunda división rumana, en el que jugó dos temporadas antes de retirarse.

A partir de entonces, mítico guardameta rumano pasó a evitar ‘goles’ en la policía fronteriza del país.

(fuente imagen: FIFA)

Escrito por Arnau Espinach el 11 febrero, 2012 | 1 comentario
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