Minuto 111, un zapatazo que cambió la historia

El gol de Ronald Koeman cuando la prórroga se encaminaba hacia la tanda de penaltis cambió la historia culé con la conquista de la Copa de Europa de 1992.
Fue una copa tan esperada y deseada que parecía que nunca llegaría. Años y años de frustraciones que se borraron de un plumazo cuando Koeman estrelló el balón en el hierro de la portería del excelente portero de la Sampdoria, Pagliuca. No pudo ser en Berna en 1961 ante el Benfica (3-2) cuando la mala fortuna se hizo visible en los desgraciados fallos de un enorme portero como era Ramallets y en los postes cuadrados de las porterías que escupieron varios remates azulgranas con marchamo de gol.
El fenomenal equipo formado por Ramallets, Luís Suárez, Kubala, Kocsis y Czibor se quedó con la miel en los labios después de haber dejado en la cuneta al Real Madrid de las cinco copas en la primera ronda. Tampoco consiguieron alzar el ansiado trofeo en Sevilla en 1986. El rival era el Steaua de Bucarest, un equipo que no estaba entre la nobleza del fútbol europeo. La euforia era total y la confianza en la victoria plena. Un rival de escaso nombre y un campo a rebosar de aficionados blaugrana, ¿qué más se podía pedir? Esta desmesurada confianza en el triunfo fue el comienzo de la derrota. La culminación llegó en la tanda de penaltis después de que el partido acabara con un decepcionante empate sin goles.
Los aficionados azulgranas se quedaron de piedra cuando consecutivamente Alexanco, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos se toparon con Duckadam, el héroe de aquella final. Por eso el gol de Koeman en Wembley supuso una liberación para un club, un giro radical en su historia cuya consecuencia es el actual Barcelona dirigido por Guardiola, heredero de aquel “Dream Team” que dirigió Johan Cruyff. Aquel maravilloso equipo practicaba un fútbol ofensivo basado en el control del balón. Normalmente jugaba un 3-4-3 capaz de golear a cualquier rival, pero que también podía recibir lo suyo.
La defensa estaba en un segundo plano. Sólo en partidos de gran dificultad Cruyff colocaba un cuarto defensa, solía ser Nando, como ocurrió en la final de Wembley. El técnico holandés optó en este encuentro por Zubizarreta; Ferrer, Nando, Koeman, Juan Carlos; Guardiola; Eusebio, Bakero; Stoichkov, Julio Salinas y Laudrup. Amor, titular indiscutible, se perdió la final por sanción y Beguiristain vio el partido desde el banquillo al igual que Goikoetxea, dos jugadores que eran habituales en las formaciones azulgranas. El partido se desarrolló según el guión previsto.
Dominio azulgrana y peligrosas contras se la Samp, que como equipo italiano que se precie se basaba en una buena defensa, con un sensacional portero como Pagliuca, y en un trío atacante muy veloz que mataba a la contra. El pelado Attilio “Popeye” Lombardo, Roberto Mancini (actual entrenador del Manchester City) y Gianluca Vialli, magistralmente dirigidos por el centrocampista brasileño Toninho Cerezo, eran una amenaza constante para las defensas rivales. La tenaz resistencia de los genoveses hacían inútil el dominio azulgrana.
La prórroga parecía encaminarse hacia la tanda de penaltis cuando una falta sobre Eusebio muy cerca de la frontal del área fue aprovechada por Ronald Koeman. En el minuto 111 el zapatazo del holandés rompió un maleficio que parecía no tener fin e inundó de alegría los corazones culés. El título que les faltaba ya estaba en sus vitrinas.
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