Jose Mourinho, ese infalible provocador…

El técnico portugués logró, anoche, clasificar a su Inter de Milán
para la final de la presente edición de la Liga de Campeones. Lo hizo
amortizando al máximo el 3-1 logrado en el Giusseppe Meazza y anulando
el juego de un Barcelona que gozó de la posesión del balón pero
careció de la fórmula necesaria para quebrantar el muro defensivo de
un Inter de Milán que, a diferencia del cuadro azulgrana, tuvo las
ideas muy claras desde el principio.
Sabía Mourinho que el Barcelona llevaba trabajando en la remontada
durante toda la semana y que pelearles el balón sería una batalla
perdida. Es por ello que instó a sus pupilos a que regalaran el
esférico a los azulgranas y que se limitaran a resistir. Los
interistas siguieron sus instrucciones al pie de la letra y no se
dejaron comer un metro ni con 11 ni con 10, puesto que, la expulsión
de Thiago Motta no alteró, ni un ápice, los planes del provocador
Mourinho, ese hombre capaz de generar odio pero, también, de leer los
partidos como nadie, gusten más o menos los métodos que emplea.
Mourinho es un estratega maléfico, capaz de sulfurar a la persona
más calmada por el bien de sus intereses y, normalmente, la fórmula suele funcionarle. Ayer, tras clasificarse para la final, saltó como una exhalación al césped del Camp Nou con el dedo levantado, buscando a los suyos y provocando al resto, la multitud azulgrana que ejerció de jugador número 12 y que no desfalleció ni con el equipo ya eliminado. El gesto del portugués fue respondido por el guardameta azulgrana, un Víctor Valdés que corrió a frenarle pensando que quería generar discordia entre la masa barcelonista en vez de dar las gracias a los interistas desplazados a Barcelona.
“Valdés pensaba que estaba festejando de modo negativo contra el público y no era verdad“, aseguró Mourinho en sala de prensa, escenario que utilizó para continuar agitando al personal. El portugués empezó bien, asegurando que el Barça “que lo ganó todo el año pasado merece ser el mejor del mundo este año y por perder unas semifinales no se puede decir que ha perdido calidad” pero prosiguió su discurso con los mensajes que le encanta transmitir, esos que tocan la moral del conjunto rival. “Lo digo siempre: quien gana tanto no sabe perder. La última vez perdí 2-0 aquí y fui un perdedor con mucho fair-play“, agregó Mourinho que sentenció que jamás podría convertirse en técnico del Barcelona.
“Sólo un entrenador estúpido no querría entrenar al Barça. Yo no soy estúpido, pero es imposible que este odio se pueda transformar en amor. Yo respeto mucho al Barça y siempre le agradeceré los cuatro años que estuve aquí. Es posible que mi carrera acabe en otro sitio. Figo me tiene que dar las gracias porque él ahora es querido y apreciado y yo me he convertido en el enemigo. Yo estoy muy feliz porque ha ganado el Inter no porque ha perdido el Barça”, confirmó el portugués que, según sus propias palabras, vivió ayer, su “derrota más bonita”.
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