José Altafini puso la primera piedra del Milán en Europa

josealtafinipusolaprimerapiedradelmilaneneuropaEl delantero brasileño fue fundamental en la conquista de la primera Copa de Europa del conjunto italiano.

Si hablamos del A.C. Milán a todos se nos vienen a la cabeza los nombres de Arrigo Sacchi y su extraordinario equipo formado por el trío holandés Gullit, Rijkaard y Van Basten, junto a los nacionales Ancelotti, Baresi, Maldini o Costacurta, campeones de Europa en 1989 y 1990; de Fabio Capello y el equipo que acabó en Atenas 94 con el “Dream Team” de Johan Cruyff, integrado entre otros por Savicevic, Desailly y Boban como figuras foráneas, más los habituales Maldini, Baresi, Costacurta, Albertini, Donadoni o Tassotti, y que también fueron subcampeones en el 93 y 95; y, por último, el equipo dirigido por Ancelotti que ganó la final del 2003 y del 2007, siendo finalista en el 2005, y en el que destacaron (entre otros muchos) Gattuso, Pirlo, Rui Costa, Seedorf, Nesta, Shevchenko, Filippo Inzaghi, Kaká y los eternos Maldini o Costacurta.

Pero para que todos ellos llegaran a forjar la excelsa historia de los “rossoneri” alguien antes tuvo que poner la primera piedra. Y esa primera piedra en forma de Copa de Europa la puso un delantero brasileño llamado José Altafini con sus goles en la edición de 1963. El Milán necesitaba un delantero centro que hiciera olvidar al gran Gunnar Nordahl, un delantero sueco que jugó con los rojinegros de 1949 a 1956 y que es aún hoy en día el máximo goleador del Milán de toda la historia con 221 goles, además de ser toda una leyenda. Con ese difícil cometido llegó en el verano del 58 el joven brasileño, tenía 20 años cuando desembarco en Italia, José Altafini, apodado en Brasil Mazola por el gran parecido con el capitán del Gran Torino Valentino Mazzola fallecido en el trágico accidente aéreo de Superga. Procedía del Palmeiras y con el aval de ser uno de los miembros de la mítica selección brasileña que conquistó el Campeonato del Mundo de Suecia en 1952 al lado de los Vavá, Didí, Garrincha y un tal Pelé.

No tardó el joven Altafini en convertirse en un seguro de gol para su club. En la primera temporada en las filas milanistas anotó 28 goles en 32 partidos conquistando el Scudetto, y en la campaña 61-62 fue el “capo canioneri” con 22 goles y pieza básica para la conquista de un título de liga que le permitía al Milán un nuevo intento de asalto a la Copa de Europa, donde ya contaban con un subcampeonato al perder la final de 1958 ante el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano.

Los italianos enseguida demostraron que eran uno de los grandes favoritos al triunfo final. Destacaban en el aquel conjunto dirigido por Nereo Rocco los defensas Trapattoni y Cesare Maldini, padre de Paolo, y el joven mediocampista y cerebro de este equipo Gianni Rivera (no había cumplido todavía los 20 años) y por supuesto José Altafini, encargado de poner los goles. ¡Y vaya si los puso! Hasta 14 convirtió, siendo el récord en una sola edición de la Liga de Campeones. En la eliminatoria ante el Unión Luxemburgo anotó ocho goles, 5 en la ida (8-0) y 3 en la vuelta (0-6); en la siguiente ronda no mojó ante el Ipswich Town (3-0 en Milán y derrota en Inglaterra por 2-1); en cuartos de final marcó un gol en la victoria ante el Galatasaray por 1-3 y en la vuelta anotó 3 en el 5-0; en semifinales no mojó, ni en la ida en Milán con victoria por 5-1 sobre el Dundee escocés, ni en la vuelta donde cayeron por 1-0; y ya en la final se convirtió en el jugador decisivo y determinante al anotar los dos goles que sirvieron para darle la vuelta al tanto inicial de Eusebio para el Benfica. Fue su máximo momento de gloria.

Altafini continuó su trayectoria en Italia después de dejar el Milán en 1965. Jugó en el Nápoles hasta 1972, y después en la Juventus hasta 1976. Su gran trayectoria en Italia le convirtió en el tercer máximo goleador de la Serie A con 216 goles, empatado con Giuseppe Meazza. Obtuvo la nacionalidad italiana y llegó a ser también internacional con la selección azzurra, disputando el Mundial de Chile en 1962. Finalizó su carrera jugando en dos clubes suizos (Chiasso y Mendrisio Star) hasta la edad de 42 años.

José Altafini fue el artífice de que la primera Copa de Europa entrará en las vitrinas de los “rossoneri”. Dejó la puerta abierta para las futuras generaciones encargadas de convertir a este equipo en un referente del fútbol europeo.

Escrito por Damian Dominguez el 31 marzo, 2011 | ningún comentario
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