Examen a la capacidad de Wenger

Arsene Wenger ha logrado algo casi insólito en el mundo de los entrenadores, como es el hecho de haberse ganado la vitola de ser uno de los mejores técnicos del mundo sin necesidad de conquistar numerosos títulos. De hecho, el Arsenal lleva cinco temporadas sin levantar metal. El juego vistoso del equipo londinense, su facilidad para descubrir jóvenes talentos y los buenos negocios realizados con muchas de sus ventas han servido para ocultar el pobre bagaje de títulos. Aunque la paciencia tiene un límite.
El año pasado, Arsenal y Barça se vieron las caras en una eliminatoria de cuartos de la Champions que dejó al descubierto las vergüenzas gunners, que se salvaron de la goleada en la ida pero que sí salieron escaldados de la Ciudad Condal (4-1). Así que este año Wenger debe demostrar que sabe en qué se falló la temporada pasada, que tiene la receta para corregir los errores y que sabrá transmitírsela a sus futbolistas. Otro examen en toda regla, en definitiva.
En realidad, el entrenador alsaciano ya ha comentado públicamente que uno de los aspectos en los que pretende incidir a la hora de preparar el partido es en la presión a la que, según él, sus hombres deben someter al rival azulgrana. “Creo que, si nos organizamos para tenerlos bajo presión, crearemos oportunidades. Es algo en lo que podemos trabajar antes del partido”, dijo. Además, no piensa que el perfil eminentemente técnico de su plantilla vaya a impedir que corran y luchen: “A veces se tiene una concentración especial en este tipo de partidos, que te hace más eficiente”.
Tal cosa no quiere decir que el Arsenal tenga que renunciar de partida a su reconocible desde hace años estilo de juego, al menos en Londres: “Aquí, en el Emirates, intentaremos jugar a nuestro antojo. Intentaremos atacar al contrincante“, señaló Wenger, advirtiendo: “Si jugamos en el tercio final de manera defensiva, no sólo acabaremos insatisfechos, sino que tampoco será nuestro partido”.
Si recordamos el partido del año pasado, tanto el Barça como el Arsenal salieron a tener la pelota, a dominar el cuero, con la diferencia de que mientras los ingleses solo miraban cuando los catalanes tenían la posesión, éstos mordían en la recuperación cuando perdían la bola, provocando errores en la entrega por parte de los centrocampistas contrarios en zonas muy delicadas del terreno de juego.
También remontándonos a 2010 nos viene a la memoria el único tramo de la eliminatoria en que el Arsenal fue superior, que fue cuando Wenger se jugó la carta Walcott. La velocidad del extremo a la espalda del lateral zurdo hizo verdaderos estragos, y hay que tener en cuenta que la baja de Puyol obligará a Guardiola a desproteger ese flanco, pues probablemente Abidal regrese a la posición de central. Paralelamente, otros entrenadores han mostrado a lo largo de los meses que también desde el otro costado se le puede hacer daño a Barça, como consecuencia de las frecuentes subidas de Alves. ¿Sabrá esta vez el Arsenal cómo meterle mano a la máquina culé?
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