Equipos de Leyenda: Steaua de Bucarest 1985/1989

Mi primera experiencia con el mundo del fútbol fue el Mundial USA de 1994. En ese campeonato, varias selecciones, como Suecia, Nigeria, Bulgaria, o la campeona Brasil, brillaron por su juego, pero la que más me enamoró, y sorprendió a muchos eliminando a Colombia, que venía de quedar tercera en la Copa América del año anterior, en la fase de grupos, y a Argentina en octavos de final, en un fantástico encuentro que terminó 3 a 2, fue Rumanía, un rival hasta entonces bastante endeble, que maravilló con su frescura y descaro ofensivo, y la calidad de sus hombres de ataque (Hagi, Raducioiu, Dumitrescu, Stinga, Munteanu…). El gérmen, el origen de esa selección, en parte por la presencia de ciertos jugadores, en parte por la confianza en uno mismo adquirida por los futbolistas del país y los jóvenes que aún se estaban curtiendo, está en el Steaua de Bucarest de la segunda mitad de los ochenta. Hoy conoceremos la fabulosa trayectoria europea del equipo rumano en “Equipos de Leyenda”.
Y es que el palmarés y los logros acumulados por el conjunto en los cinco años que van de 1984 a 1989 fue algo inédito, no sólo en el país, sino en toda la Europa del Este: cinco ligas consecutivas, cuatro copas, una Copa de Europa, una Supercopa de Europa, más una semifinal y otra final de la máxima competición europea de clubes.
Pero, empecemos por el principio: el Steaua de Bucarest 1985/86 estaba formado por jugadores hasta entonces desconocidos, como Belodedici, Lacatus, Balint, Bölöni, Piturca, Ducadam, o Iordanescu (futbolista y ¡asistente! del entrenador, Emeric Ienei, que, desde 1972, estuvo entrenando al equipo en diferentes etapas). Los rumanos empezaron esa edición de la Copa de Europa eliminando sin demasiadas dificultades al Vejle danés, en el que jugaba Allan ‘Simonet’ Simonsen, ya con 33 años de edad. Empate a un gol en Dinamarca, y goleada (4 a 1) en el Ghencea, mientras favoritos como el Bayern de Munich o la vigente campeona Juventus pasaban ronda a lo grande. El siguiente rival fue el Budapest Honved, también sentenciado por 4 a 1 en casa, tras la victoria por 1 a 0 que los húngaros lograron en su estadio. El Steaua ya estaba en cuartos, y nadie le prestaba especial atención, puesto que había tenido la suerte de enfrentarse a rivales menores, fortuna que le seguiría sonriendo en esta eliminatoria al quedar emparejado con el Kuusysi finlandés (mientras los cuatro favoritos se lo tenían que hacer entre ellos: Munich vs. Anderlecht, y Barcelona vs. Juventus), otro rival, como los rumanos, que iba avanzando ‘a la chita callando’ pero con sus bazas, como dejó claro el ajustado 1 a 0 global, tras empatar en Rumanía, y lograr Piturca, a falta de cuatro minutos para el final, el tanto de la victoria en el partido de vuelta. En ‘semis’ ya tocaba enfrentarse sí o sí a un rival fuerte, y ése fue el Anderlecht de Scifo, Vandereycken, y Vercauteren. Los belgas vencieron por 1 a 0 en Vanden Stock, pero fueron sorprendidos en Bucarest, gracias a dos tantos de Piturca y Balint en los primeros 23 minutos, y otro del primer goleador en el 71, que evitaba desagradables sorpresas de última hora si los belgas lograban marcar (y, entonces, pasar por el valor de los goles fuera de casa). Así pues, el Steaua ya se había plantado en la final, aunque no le podían pintar peor la situación: enfrentarse a un FC Barcelona que, pese a haber pasado dos eliminatorias gracias al antes mencionado valor doble de los goles fuera de casa, era claramente superior y favorito, y llegaba pletórico tras haber eliminado a la ‘Juve’ en cuartos y levantado un 3 a 0 en contra al Göteborg en semifinales, y entusiasmado por el reto de lograr su primer trofeo; el partido se jugaba en Sevilla, es decir, desplazamiento mucho más fácil para los aficionados rivales que, además, ya no vivían en dictadura, por lo que había menos control ciudadano; el Barça llegaba sin bajas, mientras los (también) azulgranas no podían disponer, por acumulación de tarjetas, de Stoica en la medular…lo que sucedió después del pitido inicial del árbitro es historia ya conocida, y detallada hace unos meses en “Momentazos Champions”.
Habiendo hecho ya Historia (primer club de la Europa del Este que conquistaba una Copa de Europa), el Steaua tuvo la oportunidad de aumentar la leyenda la temporada 86/87, con Iordanescu abandonando definitivamente los terrenos de juego para sustituir a Ienei en el banquillo, disputando la Copa Intercontinental, y la Supercopa de Europa: la primera la perdió por 1 a 0 contra el River Plate (primer y único trofeo conquistado por los argentinos) en Tokyo, mientras la segunda la ganó por idéntico resultado ante el Dinamo de Kiev, gracias al gol de un tal Gheorghe Hagi, que, a los 22 años de edad, debutaba con los rumanos en ese encuentro. Sin embargo, y pese a que los azulgrana mantenían el esqueleto de su exitosa campaña anterior, el Anderlecht se tomaría la revancha en Europa ese año, venciendo por 3 a 0 en Bélgica (llegando todos los tantos en los últimos y fatídicos quince minutos de partido), y cayendo 1 a 0 en el Ghencea.
El juego de los rumanos, hay que decirlo, no era especialmente brillante (sobretodo en partidos europeos), pese a su eficacia. Eso cambió con la llegada de Hagi a principios de año, y se empezó a hacer notar la temporada 87/88 (en la que, por otro lado, un veterano Bölöni se marchó al Wavre belga). El Steaua empezó su tercer comparecencia consecutiva en Copa de Europa eliminando por un global de 4 a 2 (con dos goles de ‘el Maradona de los Cárpatos’) al húngaro MTK. El dominio sería aún más claro en la siguiente ronda, en la que le tocó enfrentarse al Omonia chipriota, venciendo tanto en casa (3 a 1) como fuera (0 a 2). En cuartos de final las cosas se pusieron más serias, al tocar medirse con el Glasgow Rangers. La ida, en Rumanía, terminó con un 2 a 0 para los locales, resultado que aún mantenía la puerta abierta a una supuesta remontada escocesa. Pero en el Ibrox Stadium, con un tal Gheorghe Popescu debutando por el lado visitante, Piturca (que ya había marcado en el minuto 2 del primer enfrentamiento), volvió a salir totalmente enchufado al campo, logrando un tanto vital para su equipo en el minuto 3, el cual obligaba al Rangers a marcar cuatro goles para poder pasar la eliminatoria. Al final sólo fueron dos (aunque en la primera media hora de juego). Un Benfica que empezaba una gran trienio, como ya profundizamos en “Cenicientas con historia”, se cruzaba con los azulgrana en semifinales, e hizo valer su notable estado de forma sacando un empate a cero en Bucarest, y rematando el ‘trabajo’ en Da Luz con dos tantos de Rui Águas en los primeros treinta minutos, resultado que no se movería durante los sesenta restantes. Hagi, con 4 goles, compartió el primer puesto de la clasificación de goleadores con siete futbolistas más.
La última campaña de gloria europea sería la 88/89, sin un fugaz Popescu, que sólo estuvo media temporada, pero con la irrupción de dos jugadores, Ilie Dumitrescu y Dan Petrescu, que a los pocos partidos se convertirían en titulares indiscutibles. El Sparta de Praga fue la primera ‘víctima’, perdiendo por 1 a 5 en su propio campo, con dobletes de Lacatus y Hagi, que repetirían, uno cada uno, en el empate a 2 cosechado en la vuelta. El siguente en quedar apeado sería el Spartak de Moscú, cayendo, sin posibilidad alguna, por 3 a 0 (con dos tantos de Hagi) en el Ghencea por 3 a 0, y por 1 a 2 en Rusia. En cuartos de final (ya sin Belodedici, que se había marchado al Estrella Roja de Belgrado) esperaba un rival a la altura, el Göteborg, que logró ganar 1 a 0 en Suecia, pero que recibiría un severo correctivo en el segundo enfrentamiento, perdiendo por 5 a 1, ‘hat-trick’ de Lacatus inclusive. Con el impulso de la rotunda goleada, y la fortuna de que Real Madrid y Milan quedaran emparejados entre ellos, el Steaua se paseó en semifinales ante el Galatasaray, que por primera -y última- vez en su historia llegaba tan lejos en la competición. 4 a 0 sin paliativos en el ‘match’ de ida, y empate a 1 (con Dumitrescu marcando en ambos partidos, pero viendo una amarilla que le impidió disputar la final) en el Ali Sami Yen. Quizá por un exceso de relajación ante tanta goleada europea, o, por supuesto, por el fabuloso e irrepetible equipo que tenían como rival, y como posteriormente ocurriría con el ‘Dream Team’, el Milán de los holandeses cerraría abruptamente el brillante lustro de los de Bucarest con un contundente 4 a 0, en una final disputada, precisamente, en el Camp Nou.
La campaña siguiente, los rumanos volverían a competir en Copa de Europa, pero, quizá por los tiempos convulsos que vivía su país, con el alzamiento popular y la caida del dictador Nicolae Ceaucescu cociéndose en el ambiente, y la marcha de jugadores clave como Stoica y Piturca al Lens, hicieron imposible mantener suficiente nivel de juego para enfrentarse a un duro contrincante como el PSV Eindhoven, campeón dos años tantes y con talentos como Romario o Gerets, que los eliminó en segunda ronda tras perder en Ghencea por 1 a 0, y arrasar en el Philips Stadion con un 5 a 1 al que ‘O Baixinho’ contribuyó con tres ‘dianas’. Esa temporada, después de seis años, los de Bucarest no ganarían ningún título, y, ya con el régimen autoritario desmantelado, muchos futbolistas esenciales aprovecharon para irse a otros clubes (Hagi al Madrid; Lacatus a la Fiorentina; Balint al Burgos; Rotariu al Galatasaray…). Desde entonces, los logros continentales del equipo rumano se limitan a llegar a los cuartos de final de la Recopa 92/93, y las semifinales de la Copa de la Uefa 05/06.
Históricamente, no obstante, y como siempre ocurre en los paises con dictadura, hay muchas sombras acerca de esta ‘época de oro’ del Steaua (que ya había sido creado por la Armada Real de Rumanía casi veinte años antes de que Ceaucescu llegara al poder, por lo que siempre ha sido considerado -y no sin razón, como leeremos a continuación- el ‘equipo del gobierno’), puesto que justo su etapa más gloriosa coincide con la involucración de Valentin Ceaucescu, el hijo del dictador, en el día a día del club, y se habla de serias presiones a los otros equipos para que vendieran y/o cedieran a sus mejores futbolistas, y a las ‘perlas’ de sus canteras al conjunto azulgrana, y de beneficios extra para los jugadores, como quedar exentos de realizar el servicio militar, o tener mejores oportunidades laborales en el futuro (además de amenazas y chantajes relacionados con la seguridad de su familia a los mejores futbolistas para que no se fueran a jugar al extranjero). Sucedió con Hagi, que era la estrella del Sportul Studentesc, fue requerido para reforzar al Steaua en el partido de Supercopa de Europa, y ya no regresaría a su anterior equipo, o de Popescu, que también fue ‘requisado’ del Universidad de Craiova, aunque media temporada después regresó al club.
(fuente imagen: UEFA)
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