El filial azulgrana acaba con el ‘gafe ruso’
Cuatro enfrentamientos europeos después y tras una derrota y dos empates, el Barcelona doblegó al Rubin Kazan. Para hacerlo, no necesitó de su once de gala ni, tampoco, de su mejor versión. Bastaron los goles anotados por Andreu Fontàs y Víctor Vázquez, en los minutos 50 y 83 respectivamente, y la ilusión de un filial azulgrana que estuvo representado, por seis jugadores dotados, todavía, de dorsal de canteranos.
Los elegidos fueron, además de los goleadores, Jonathan Dos Santos, Thiago Alcántara, Marc Bartra y Jeffren, a quién la suerte, en cuanto a lesiones se refiere, le ha dado la espalda.
Basta señalar que a los 12 minutos de partido tuvo que ser retirado del terreno de juego, aquejado de una lesión muscular en el adductor de su pierna izquierda.
También Bojan tuvo que ser sustituido de forma precipitada, a la media hora, tras el tremendo golpe que se llevó en la cabeza por parte de Bocchetti, jugador del Rubin, mientras peleaban un balón aéreo.
Pese a los infortunios, el Barça mantuvo la calma ante un Rubin Kazan echado atrás y motivado, únicamente, con la idea de no abandonar el Camp Nou sonrojado.
Su mediocre objetivo, sin embargo, no se cumplió porque recibió dos goles y, encima, ofreció una imagen lamentable, mostrándose incapaz de hilvanar una sola jugada de peligro. Excesivo conformismo por parte de los de Berdyyev y triste noche para el Rubin, que se despide de la Champions League.
Para mantenerse en ella debía ganar o empatar ante el Barça y que el Copenhague pinchara ante el Panathiakos. No se dio ninguna de las condiciones requeridas porque los daneses ganaron por 3-1 a los griegos y el Rubin ni siquiera pudo despedirse de la competición con la cabeza en alto, siendo doblegado por los designios de dos jóvenes chavales con mucha evolución por delante.
Quién no tiene límites ni fronteras es Leo Messi, a quién Guardiola dio entrada cuando quedaba media hora para el final, sumándole a los dos ‘habituales’ que habían partido de inicio: Sergio Busquets y Gerard Piqué. Sus combinaciones con el prometedor Thiago enloquecieron a la grada y en el minuto 89 gozó de una clarísima ocasión que, por poco, no se convirtió en gol.
Hubiera sido una bonita forma de celebrar su partido número 50 en una Liga de Campeones que, para el Barça, se despide, ya, hasta 2011.
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