Las palabras del máximo dirigente de la UEFA hacia la entidad romanista parece que van muy en serio: "Roma debe demostrarse a sí misma que es la mejor opción para albergar la final de la Champions League Final. La visita del Chelsea suponía una prueba de alto nivel y es una pena que, por enésima vez, no hayan faltado errores". Es decir, o se comportan como personas, o se cambia de sede la final.
Tomar tal decisión, lógicamente, no es tan fácil como para decidirlo en una sola mañana, pero el mero hecho de la amenaza ya es relevante en sí.
Por un lado está la loable tarea de luchar a capa y espada contra la violencia en el deporte, y por otro están los raseros y las varas de medir que a la práctica se le apliquen a unos y otros en función de credo, raza o religión.
El fútbol italiano, por desgracia, se ve sumido en una espiral de violencia desde hace años que, repetimos, por desgracia, es probable que vuelva a poner entre la espada y la pared a Platini una vez pronunciadas esas palabras. Y entonces, ¿se atreverá 'Le Roi' a cumplir sus promesas/amenzas?

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