Flores puso como condición montar una plantilla competitiva de cara a su principal objetivo esta temporada; el regreso del Benfica a la Champions League. El esfuerzo económico del club ha sido superlativo.
Se contrataron caras nuevas procedentes de España como Carlos Martins, Balboa o el sevillano Reyes como revulsivos. El exjugador del Valencia Carlos Aimar volvería a las órdenes de Flores como principal estrella del equipo. Por si esto fuera poco, Di María permanecería en el club a pesar de haberse disparado su cotización tras los Juegos Olímpicos.
Con el trabajo desde el despacho bien hecho, el referente a las canchas ya se nota. El Benfica sigue adelante en la Taça (copa) de Portugal y se ha situado tercero en la Liga Sagres a un solo punto del líder, el Nacional.
Su juego es sobrio pero elegante. Cuenta además, con el beneplácito de una afición necesitada de ilusión y resultados tras tres años a la sombra de los dragoes. Camacho había dejado al Benfica sumido en una crisis de resultados y con un permanente complejo de inferioridad con respecto al Oporto.
Hoy, la diferencia entre estos dos grandes se ha recortado bastante. El Benfica está a la altura de su historia. Queda mucho camino por recorrer pero parece que el equipo lisboeta vuelve al sendero que nunca tuvo que abandonar, el del esfuerzo y la competitividad. Las águilas vuelan de nuevo.

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