Hace poco más de dos meses, cuando el Valencia se estrenaba en Liga de Campeones con una victoria ante, precisamente, el Schalke 04 (equipo que le ha dejado en la cuneta), nadie podía imaginar que los chés no lograrían el pase a octavos de final.
Por aquel entonces, el Valencia, con Quique Sánchez Flores en el banquillo, era líder del grupo B y un firme candidato a dar la campanada en la competición. Sin embargo, ese partido se convertiría en el único triunfo europeo de los valencianistas y, tras él, se desencadenaría una etapa negra en la que empezaron a proliferar las derrotas y en la que Sánchez Flores perdió el puesto.
Su sucesor, Ronald Koeman, tampoco logró enderezar el rumbo, en Europa, del Valencia, cuyo último batacazo ha significado su eliminación de la Champions.
Del empate logrado ante el Schalke 04, que condenó a los chés, poco que decir porque el equipo valencianista cometió los mismos pecados de siempre, es decir, careció de velocidad, de agresividad y de ocasiones de gol.
La expulsión de Albelda (que formó una pareja lamentable junto a Edu en la medular) acabó de hundir a los chés que, a pesar de no poner el fútbol sí que pusieron las ganas y el corazón, ingredientes poco efectivos para lograr victorias.