Fue en verano de 2003 cuando Roman Abramovich instauró, invirtiendo 150 millones de euros en la compra del Chelsea, una nueva tendencia. Aquella que significó la entrada en el fútbol europeo de poderosos magnates que, siguiendo la estela del ruso, empezaron a colonizar el deporte rey a base de talonario.
Malcom Glazer fue uno de ellos gastando 1.200 millones de euros en la compra del Manchester United y, posteriormente, llegaron, entre otros, George Gillett y Tom Hicks, los empresarios norteamericanos que invirtieron en el Liverpool.
El paso de estos por la entidad red, no obstante, no ha resultado ser, ni de lejos, tan brillante como el de Abramovich y Glazer, en el Chelsea y en el Manchester, respectivamente, y parecen, ahora, dispuestos a dejar al Liverpool en manos de un inversor del Gobierno de Dubai.
Al menos, así lo asegura la BBC que confirma que Dubai International Capital (DIC) podría pagar 450 millones de euros para hacerse con el Liverpool y liberar, así, a Gillett y Hicks de pedir un préstamo bancario para refinanciar la construcción del nuevo estadio y fichar a los jugadores pedidos por Benítez.
Si, finalmente, la venta del Liverpool llegara a buen puerto, el talonario volvería a ser el vencedor (como ya lo fuera cuando Gillett y Hicks llegaran al poder) dejando, de nuevo, patente el negocio que se ha montado alrededor de los clubes de fútbol, dónde los magnates han encontrado la gallina de los huevos de oro, adquiriendo caché y reconduciendo sus negocios.
¿Estáis de acuerdo con la compra de clubes por parte de inversores extranjeros para mejorar el nivel de un equipo a base de dinero?
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