Si el Sevilla hubiera rentabilizado la volea de Kanouté, la que ponía el 3-1 en el marcador, los hispalenses habrían continuado haciendo historia en Liga de Campeones evitándose los fatídicos penaltis pero, para eso, tendrían que tener una defensa sólida que no hiciera aguas cada dos por tres y que no hubiera permitido que Deivid lograra a balón parado su segundo tanto de la noche, el que igualaba la eliminatoria y el que condenaba a los sevillistas.
La falta de concentración en la zaga hispalense unida al grandioso partido disputado por Alex, cerebro del Fenerbahçe que guió en todo momento los pasos de su equipo, provocaron que de nada sirvieran los tantos de Alves, Keita y Kanouté, autores de los tres goles logrados, al margen de los penaltis, por un Sevilla que tendrá que esperar una nueva oportunidad para hacer algo grande en la competición europea.

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noel miranda comentó
el sábado, 15 de marzo