Ya no por la clasificación para octavos de la Champions, algo que el Real Madrid debería lograr juegue quien juegue (tiene que perder por tres en el Velodrome y ganar el Milan en Zúrich para quedarse fuera) sino porque si los blancos aspiran a terminar primeros de grupo, algo a lo que una vez más no se le está dando demasiada importancia, deben ganar el partido, dándose por hecho que el Milan no fallará ante los suizos.
Además, la ausencia de Kaká le resta al entrenador chileno tiempo de trabajo con un jugador al que necesita encontrarle la ubicación ideal para que rinda. El brasileño ha dicho varias veces que el equipo tiene problemas de elaboración, que le falta una identidad clara y que les cuesta divertirse sobre el terreno de juego. Vamos, que no está a gusto con el dibujo y su posición dentro del mismo.
Esta baja de Kaká llega justo después de que el futbolista cuajase posiblemente su mejor partido de blanco en el Camp Nou, a pesar de la derrota de su equipo. El brasileño puso buenos balones de gol y se movió libre por todo el frente del ataque, donde más daño hace. Pareció querer demostrar que su sitio, se pongan como se pongan, es arriba del todo, por detrás de un punta, y no escorado a una banda como falso centrocampista.
La gran pregunta es si, tal y como está configurada la plantilla madridista, Manuel Pellegrini tenía pensado repetir en Europa la posición de Kaká ante el Barcelona cargándose a alguno de los puntas (Benzema o Higuaín) o iba a insistir en la idea de convertirle en lo que en su día fue Zidane. Pero eso ya no se sabrá ante el Olympique de Marsella como esperábamos sino que habrá que esperar al año que viene, probablemente hasta el 3 de enero en Liga ante Osasuna.

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