La pasada temporada hizo un buen papel en la Champions, aunque acabó injustamente eliminado por el Shalke 04 en la tanda de penalties. Fue una eliminatoria dura para los portugueses pues merecieron mejor suerte.
Este año comenzaban la temporada con la incertidumbre de algunas bajas significativas como la de Assunçao (que no termina de cuajar en el Atlético) o Quaresma, que se lo birló Mourinho para un Inter necesitado de imaginación.
Con las arcas llenas gracias al traspaso de Quaresma, ficharon a Givanildo Vieira de Souza, aunque en Portugal ya se le conoce como el increíble Hule, por sus 37 goles que metió en la Liga Japonesa el año pasado.
Pero las bajas han dejado mermado a un equipo muy desinflado y falto de velocidad y pegada. Mariano González ni Cristian Rodríguez hacen olvidar las internadas de Quaresma, y el equipo depende excesivamente de la imaginación de un Lucho González que se quedó a regañadientes este verano tras ver que no se concretaba ninguna de las ofertas que tuvo de marcharse a una liga mayor.
Contra el Dínamo de Kiev fue un quiero y no puedo, un ejercicio frustrante en el que los rusos aprovecharon muy bien la impaciencia del rival y donde Ferreira no supo dar con la tecla para abrir el partido.
Para colmo, en la liga Sagres el Oporto ha comenzado titubeante, con un batacazo considerable en la última jornada ante el discreto Leixoes, con el que perdió 2-3 en el Estadio do Dragao.
Ferreira está convencido de reconducir una situación difícil, que se antoja todavía más complicada teniendo en cuenta la impaciencia habitual del aficionado porrista y el despegue definitivo del eterno rival, un Benfica ascendente con Quique Flores como entrenador estrella.

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