Los alemanes saltaron al terreno de juego con la lección bien aprendida, tras lo vivido en el partido de ida y se dedicaron a presionar a las piezas clave del engranaje barcelonista: Xavi, Iniesta y Bojan. Teniéndolos a ellos controlados y con Thuram en vez de Milito (que se quedó en el banquillo por una pubalgia) en defensa, todo estaría controlado.
Y así fue, puesto que, hasta que el agotamiento pudo con ellos, los alemanes no dejaron de dar la vara a un Barcelona en el que otra vez Bojan marcó las diferencias con una excelente jugada por la derecha que acabó en un centro que supo aprovechar (aún no sabe como) Touré para marcar el primer y único tanto del partido, el que daba tranquilidad a un Barcelona en horas bajas.
La ventaja en el marcador dio aliento a los barcelonistas y estos mejoraron, durante la segunda mitad, aunque no desplegaran un juego para tirar cohetes. Una ocasión de Henry y otra de Iniesta fueron la antesala al momento polémico de la noche, que se produjo en el minuto 72, cuando Frank Rijkaard decidió cambiar a Bojan para dar entrada a Giovani dos Santos y la grada se puso en pie, pañuelo en mano, para mostrar su disconformidad con la decisión del técnico.
Por suerte para Rijkaard, sin el canterano sobre el terreno de juego, los jugadores del Schalke tampoco crearon ocasiones dejando en bandeja la clasificación azulgrana.
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