1. El Emperador avisa, y quien avisa no es traidor

    Adriano quiere recuperar su trono

    Queríamos que volviera, y está en camino. Parece que los meses que ha pasado en Sao Paulo han servido de algo. Adriano se marchó a Brasil en búsqueda de una recuperación y de minutos que no tenía en Milán, y ahora ha vuelto en pleno regreso del que fue y nunca debió dejar de ser.

    El punta brasileño marcó el segundo gol interista en la victoria neroazzurra frente al Panathinaikos, corrió a la banda para abrazarse a Jose Mourinho, y ahora ¡incluso se habla de una posible renovación!

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  2. Hemos venido a emborracharnos...

    ¡Córtate el pelo!

    El resultado nos da igual. Este gracioso himno parece haber calado hondo en la moral de un Ronaldo que empezó a cantarlo en el mismo momento en que le fichó el Milán porque ¿ha hecho algo más que salir de fiesta el brasileño desde que se incorporara a la disciplina rossonera?

    Ah, sí, también se ha dejado crecer el pelo, algo que, por cierto, ni le va ni le viene a un Adriano Galliani, vicepresidente milanista, que sigue arrepintiéndose del día en el que le dio por pensar que Ronaldo, siempre tan efectivo cara a puerta en todos los clubes en los que había militado, iba a dar alguna alegría a los rossoneros.

    El directivo milanista la cagó pifió de pleno fichando a un Ronaldo al que le han pasado factura las lesiones convirtiéndose en el fichaje más decepcionante de 2007, tanto que ha sido premiado con el galardón Bidone del año, otorgado por el Corriere della Sera al peor jugador del Calcio.

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  3. Emperador, ¡recupera tu trono!

    Adriano se ha quedado sin trono

    El Inter de Milán decidió privarnos, esta temporada, de la presencia de Adriano en Liga de Campeones, al ni siquiera inscribir al delantero brasileño para la competición europea.

    Motivos no le faltaban a los nerazzurros para tomar la decisión, puesto que, Adriano había dejado de reinar sobre el terreno de juego para hacerlo en las discotecas y con sus farras no hacía más que dañar su imagen mientras su rendimiento caía en picado.

    El Emperador había perdido su efectividad y debía pagar con el ostracismo unos excesos que le llevaron a una clínica en Río de Janeiro, propiedad del Sao Paulo, en la que el jugador decidió iniciar un tratamiento para superar sus problemas con el alcohol.

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