Cenicientas con historia: Benfica 1987/90

Hace dos días, Pep Guardiola dijo una gran verdad: el crédito no existe en el fútbol. Por eso en “Liga de campeones” tenemos una sección titulada “Equipos de Leyenda”, y no “Clubs de Leyenda”. Porque, si el martes pasado, se le dedicaba la antes mencionada sección al legendario Benfica de Eusebio, hoy, ese mismo club, pero con la plantilla de dos décadas después, protagoniza “Cenicientes con historia”.
Y es que, durante los años setenta, el peso futbolístico en Europa de las poderosas ‘àguilas’ languideció (si bien conquistaron seis ligas y dos copas portuguesas esa década), y no fue hasta 1982, cuando el entrenador sueco Sven-Göran Eriksson se hizo cargo del equipo y llegaron a la final de la Copa de la UEFA 82-83, sucumbiendo ante el Anderlecht, que los portugueses recuperaron parte de su relevancia continental, llegando a su apogeo al final de la década, cuando lograron llegar a dos finales de Copa de Europa (87-88, y 89-90) en tres temporadas.
El camino hacia esa primera final de Copa de Europa fue casi un monumento a la solidez defensiva (liderados atrás por el gran capitán António Veloso -ver foto, jugador con bigote- y el brasileño Mozer -a la derecha de Veloso-) y la austeridad atacante, ya que se plantó en la final con cinco goles a favor y uno en contra en seis partidos. El único partido que varió esa tónica fue el de primera ronda, en el que golearon 4 a 0 al Partizan de Tirana (la vuelta, por cierto, no se llegó jugar, ya que la UEFA expulsó al Partizan de la competición por juego sucio -cuatro expulsados y dos amarillas adicionales en media hora-). En segunda ronda, los lisboetas eliminaron al Aarhus, empatando a cero en Dinamarca y ganando 1 a 0 en Estádio da Luz. En cuartos de final hicieron lo propio con el Anderlecht, venciendo por 2 a 0 en casa, y perdiendo 1 a 0 en Bélgica (vengándose, en cierta manera, de la final de la UEFA de 1983), y en semifinales la víctima fue el Steaua de Bucarest, empatando en la ida a cero en Rumanía, y ganando en la vuelta 2 a 0, ambos tantos obra de Rui Águas (que fue pichichi de esa edición con cuatro goles, conjuntamente con seis jugadores más). En la final, jugada en el Neckarstadion de Stuttgart, se enfrentaron a un PSV Eindhoven en estado de gracia, que contaba con Gilhaus, Linskens, Koeman y Gerets, y venía de eliminar al Girondins de Burdeos y al Real Madrid en la tanda de penaltis, igual que hicieron con ellos. Por suerte para el resto de jugadores del conjunto portugués, el penalti decisivo, último de los seis que lanzaron ambos equipos, lo falló Veloso, por lo que nadie salió estigmatizado de ese partido.
Tras una campaña olvidable en UEFA (cayeron en segunda ronda ante el Standard de Lieja), el Benfica volvió a la Copa de Europa la temporada 1989-1990, reforzado con el entonces prometedor defensa brasileño Aldair (que, posteriormente, jugaría trece años en la Roma) para sustituir la baja de Mozer, y el delantero sueco Jonas Thern. Éstos, junto a buenos jugadores que se mantuvieron en el equipo, como Pacheco, el sueco Magnusson, o, en su segundo año, los brasileños Valdo y Ricardo Gomes, y, sobretodo, el delantero angoleño Vata, máximo realizador de la liga portuguesa 1988-89, convertían al Benfica en un rival nada apetecible para el resto de conjuntos. Toni, que había sido el entrenador las dos temporadas anteriores, fue reemplazado por el idolatrado Eriksson, que volvía al club cinco años después.
Se podría decir que los lisboetas se pasearon hasta llegar a semifinales, con globales escandalosos ante el Derry City irlandés (1 a 6), el Budapest Honvéd húngaro (0 a 9, con un 7 a 0 en casa en el que bigolearon Magnusson, Vata, y César Brito), y, ya en cuartos, con un holgado 4 a 0 al Dnipro ucraniano. La verdad es que, cuando se les cruzó un equipo más solido (y, probablemente, a causa de la relajación por jugar ante contrarios tan débiles), sufrieron de lo lindo, como pasó con el Olympique de Marsella en semifinales, al que, tras perder por 2 a 1 en el Vélodrome, pudieron eliminar in extremis en el partido de vuelta, marcando Vata el 1 a 0 final y decisivo a falta de ocho minutos para que el encuentro finalizara. Fue, además, una eliminatoria dramática para Veloso, que, dos minutos antes de terminar el partido, vio una amarilla que le impidió disputar la final. Una final, en el Praterstadion de Viena, que disputaron contra ni más ni menos que el histórico Milan de los holandeses, que había goleado 4 a 0 al Steaua de Bucarest en la final de la temporada anterior, y contaba con todos sus efectivos (Baresi, Evani, Costacurta, Maldini, y, evidentemente, Gullit, Van Basten, y Rijkaard). Precisamente éste último decantó el partido hacia el bando milanés en el minuto 68, en un encuentro mucho menos plácido para el equipo italiano.
A partir de entonces, el Benfica siguió haciendo importantes inversiones monetarias, recuperando a Mozer y fichando a jugadores consagrados como Preud’homme y jóvenes talentos como Joao Pinto (además de contar con un brillante canterano llamado Rui Costa), sin ningún óptimo resultado en Europa (aunque ganando dos ligas y una copa portuguesa), y en 1994 entró en una oscura etapa por problemas de solvencia económica que duró nueve años, durante la cual sólo ganaron una copa portuguesa. Desde el año 2003, han ido recuperando lustre (conquistando dos ligas y una copa portuguesa), si bien en competiciones europeas ya no han vuelto a ser aquel equipo peligroso a evitar a toda costa que fueron, por última vez, hace ya casi un cuarto de siglo.
Aunque, ¿quién sabe?. Este año están en octavos, y se enfrentan al asequible Zenit de San Petersburgo.
(fuente imagen: Pfutebol)
Etiquetas: benfica, cenicientas con historia, copa de europa 1987-88, copa de europa 1989-90, Historia




































Liga de Campeones (@LigaCampeones) (@LigaCampeones) | 19 de enero de 2012 | 7:38 pm
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David Martinez | 20 de enero de 2012 | 9:53 am
¡Crack, cómo mola!